SUPERÁVIT CON HAMBRE: EL PLAN MACABRO QUE ESTÁ MATANDO LA DIGNIDAD DOCENTE EN SAN LUIS Y EL PAÍS
Mientras en las planillas de Excel de Claudio Poggi y en los gráficos de Javier Milei los números brillan con un "superávit" de cristal, en las aulas de San Luis el frío se siente en la panza. No hay vuelta que darle: estamos siendo testigos del plan de ajuste más despiadado de nuestra historia moderna, un ataque feroz contra la educación pública.
La reciente conferencia de la UTEP-SL, encabezada por el "Chino" Peralta, fue el grito de una realidad que ya no se puede tapar con pauta publicitaria ni con discursos de "orden fiscal". Los datos son demoledores y deberían darle vergüenza a cualquier funcionario que se precie de tal.
La estafa del orden fiscal
¿De qué superávit nos hablan cuando una maestra de grado en San Luis no llega a los $400.000? ¿Cómo se atreven a celebrar "incentivos estudiantiles" si a los protagonistas de la transición del conocimiento los están empujando al abismo de la indigencia?
La pérdida salarial docente ya superó el 170%. Es un número frío que esconde una tragedia humana: docentes que pagan alquileres de más de $600.000, que no llegan a cubrir la luz ni el gas, y que después de estar ocho horas frente a un aula, tienen que subirse a una bicicleta de reparto o manejar un auto por aplicación para que sus propios hijos puedan comer. El pluriempleo no es "emprendimiento", es la claudicación del Estado.
Jubilaciones de pobreza, presente de miseria
El gobierno de Poggi, alineado al ajuste ciego de Milei, mantiene un 35% del salario docente en negro. Es una estafa al futuro. Están fabricando jubilados pobres mientras miran para otro lado. El pedido de mesa de negociación presentado a los ministros Ordóñez y Poggi no es un favor, es un derecho. Es la exigencia de paritarias libres, esas que entre 2011 y 2015 le ganaban a la inflación y hoy son solo un recuerdo de cuando el trabajador era respetado.
¿Hasta cuándo el silencio?
Hoy, la educación pública en Argentina y en San Luis está en terapia intensiva. No hay tiza que aguante si el que la empuña está pensando en cómo va a pagar el viático mañana. Milei corta el chorro desde Nación y Poggi ajusta las clavijas en la provincia, mientras los docentes son los que le ponen el pecho a una crisis que ellos no provocaron.
Basta de teorías económicas de laboratorio. Basta de celebrar superávits que se construyen con el hambre de los que enseñan. No hay libertad posible si el pueblo no tiene educación, y no hay educación posible si el docente es un esclavo del sistema de movilidad o de la venta ambulante para sobrevivir.
La bandera argentina no es un adorno para los despachos oficiales; es el estandarte de un pueblo que sabe que sin educación no hay patria. Es hora de dejar de mirar los gráficos y empezar a mirar a la gente. Porque si el gobierno no escucha el diálogo, va a tener que escuchar el grito de un pueblo que ya no tiene nada más que perder.
Redaccion CodigoP
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